La “limpieza de sangre” era asociada con la Inquisición de 1478, durante el reinado de Isabel y Fernando. Esta “limpieza de sangre” fue dirigido a los judíos y musulmanes que han proclamaron, por boca, su fe cristiana y dedicación al catolicismo, mas guardan sus costumbres, tradiciones y doctrinas de sus fes verdaderas en secreto. A estos grupos les daban el nombre “falsos conversos.” Al descubrimiento del las practicas secretas y religiosas fuera del cristianismo, la Iglesia y el gobierno católico se enojaron. Ellos establecieron regulaciones deliberadamente discriminatorias para perseguir estos conversos. Los “judiazantes,” como los católicos les llamaron, juntos con los musulmanes, fueron atacados por los Jesuitas y ejecutados, expulsados, o obligados de bautizarse en nombre de la fe católica.
La “limpieza de sangre” dividió la sociedad española por bases de religión, dando de entender que la Iglesia y el Estado fueron muy apegados en la sistema política de España. Con esta división radical, también se aumentó la violencia, el prejuicio, y el odio hacia todos que no guardaban la misma doctrina que los católicos. Este momento en la historia española marcó uno de los instantes más intolerantes, y por lo tanto, demostró el abuso de poder que se veía muy comúnmente en la España debajo de los Reyes Católicos.